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el arte no tiene genero

Pero cuán lejos están algunos dichos de algunos hechos!
Estoy enojada. No voy a esconder que la mayoría de las cosas que pueda llegar a escribir salen con fritas de rabia. Es que una entabla pequeñas discusiones con cosas que va leyendo y la falta de interlocutores (por indiferencia o por querer enviarme a un psicólogo) hace que las molestias se acumulen.

Resulta que leo el artículo breve de Graciela Taquini en la última revista gazpacho del cceba, sobre equidad de género. Si bien concuerdo con el título “el arte no tiene genero”, hay algo que no entiendo y hay un enfoque que me da piel de gallina.

De la manera en que concibo el arte, comparto con la autora la falta de género como un montón de cosas que hacen al ideal artístico que tengo en mi horizonte. El género no debiera aparecer configurado pero cual chip enraizado en la matrix de toda la cultura no creo que se pueda negar que el arte desgraciadamente tiene un genero. Se lo han puesto, se la están poniendo. Se trata de un género instruido, programado, asumido sin conciencia como natural o -peor aún- esencial, tan invisible o banal que a una la mandan al psicólogo -de nuevo- si se obstina en señalarlo. 

Pero volviendo al texto, lo que no entiendo. El primer párrafo dice que Graciela intenta demostrar su premisa con ejemplos. No entiendo los ejemplos: artistas que incluyen 2 géneros en sus obras: femenino y masculino. Me remite a una cuenta cual formula. Si tenemos genero 1 y su opuesto -1 da genero cero, entonces no tenemos genero.  Estoy haciendo una rebaja estúpida, lo sé, pero percibo en el texto una reducción a un binomio que es falso e impuesto: hombre y mujer es una cárcel, en términos de absolutos. ¿Si soy una obra no tengo genero porque los tengo a los dos? No lo creo, si tuviera dos buscando anularlos, me faltarían el tercero, el cuarto y el sin cuenta, las infinitas posibilidades, infinitas voces.

Creo que la premisa por un arte sin género, debiera ser sustentada en nuevos planteos, no en rastrear en el pasado. ¿Cómo buscar los ejemplos o permisos en una historia del arte articulada por la heterosexualidad? imposible. Podemos hablar de referencias, de antecedentes, pero las respuestas para exorcizar la etiqueta de género del arte no parecen estar en el pasado. Somos el presente los que debemos declarar, como dice Monique Wittig*, la ruptura con el contrato heterosexual que reduce el binomio a dominantes/dominados.
Debe ser un presente en constante movimiento, caminante: reinventándose a sí mismo. Sino seguimos la articulación bipartita de la opresión la que se aplica a género sexual como social por ejemplo (no solo las mujeres han sido y son oprimidas).

No puedo pensar la condición femenina en un Duchamp con peluca, lo lamento.
Cambiaria el titulo por “El arte debiera no tener genero y depende de nosotros”.

* La filósofa francesa Monique Wittig (1992) llamó la atención sobre la idea de que las categorías «mujer» y «hombre» no son verdades fundacionales sino tan sólo «formaciones imaginarias», que además sitúan a las minorías en posiciones subordinadas.

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